Cuidado con las restricciones en la dieta de los niños

Existen varias formas de retirar alimentos de la dieta de los niños,  pero una de las más frecuentes últimamente es cuando, por desinformación, los padres creen que sus hijos sufren algún tipo de trastorno intestinal o una alergia alimentaria, como por ejemplo, la intolerancia a la lactosa o la alergia al gluten, y lo que es más grave: lo hacen sin consultar a un especialista.

España, Marruecos, Francia o Turquía tienen hábitos diferentes a la mesa, pero guardan en común algunos rasgos que han hecho de nuestra manera de comer una de las grandes ideas exportadas al resto del mundo. La dieta mediterránea es un patrón de alimentación que se repite una y otra vez en los países de la cuenca del Mediterráneo, empezando por el tipo de grasa que se usa en cocina, proveniente sobre todo del aceite de oliva o el pescado, hasta las proporciones de nutrientes que guardan las recetas (proteínas, grasa, hidratos…), la riqueza de los micronutrientes (vitaminas, minerales…), y el uso de verduras de temporada.

Cuando se habla de la dieta ideal, y se extrapola a los niños, la mediterránea aparece enseguida como ejemplo a seguir, precisamente porque, ya sea por tradición o por intuición, este tipo de dieta responde a la pirámide nutricional y suele incluir en cada plato una saludable mezcla de nutrientes. En los últimos años, sin embargo, los expertos en nutrición se han percatado de que algunas tendencias, conductas y patrones alimenticios se alejan cada vez más de la alimentación mediterránea. Entre ellas, por ejemplo, el incremento en el consumo de azúcares refinados y refrescos azucarados, los niños permanentemente distraídos al sentarse a la mesa, o la eliminación de comidas fundamentales como el desayuno.

Junto a estas conductas, además, las nuevas maneras e comer potencian en algunos casos la restricción de ciertos alimentos, que se eliminan parcial o totalmente de las dietas de los niños,  muchas veces sin la consulta de un especialista. Así lo subraya el informe sobre alimentación infantil que presentó hace unas semanas en el Observatorio de la Infancia y la Adolescencia Faros, del hospital Sant Joan de Déu, y que hace un completo repaso a la manera en que comen los ‘peques’ hoy en día, desde la lactancia y hasta que llegan a la edad adulta.

¿CÓMO SE REGISTREN LAS DIETAS EN NIÑOS?

La restricción hoy en día en la alimentación infantil está ligada a ciertos cambios que, por desinformación, los padres llevan a cabo en la dieta de sus hijos cuando creen que los pequeños sufren algún tipo de trastornos gastrointestinal o una alergia alimentaria; como por ejemplo, la intolerancia a la lactosa o la alergia al gluten. “Muy diferente de las dietas vegetarianas es la moda de retirar determinados alimentos a os niños ante sospecha de alergia”, explica el doctor Martín. “Estas restricciones genéricas surgen a raíz de la falsa creencia de que la leche y el gluten sientan mal a todo el mundo. Si se sospecha que un alimento sienta mal a un niño, lo prioritario es que un profesional identifique esas intolerancias, emita un diagnóstico y adapte la dieta del pequeño”.

LA CELIAQUIÍA DEBE ESTAR DIAGNOSTICADA

Actualmente, hay muchas familias que deciden eliminar de su alimentación, nutrientes esenciales como la lactosa o el gluten, sin tener un diagnostico clínico. “Ahora mismo vemos que muchos padres retiran determinados alimentos ante cualquier cuadro médico no explicado, como dolor abdominal, diarrea o niños que rechazan la comida”, explica el doctor Martín. “Tienden a buscar un alimento que sienta mal, incluso si se trata de un problema digestivo banal, y proceden a retirarlo para siempre, aún cuando los síntomas ni siquiera mejoran con el tiempo”.

Este comportamiento no está recomendado en ningún caso en los niños porque puede provocar importantes carencias nutricionales, sobre todo si se lleva a cabo son decírselo al pediatra. Un ejemplo frecuente: la demonizada lactosa, que es en realidad el azúcar de la leche que facilita la absorción del calcio, y que, al retirarse, acaba por restringir la ingesta de calcio en dieta. O el gluten, una proteína que se encuentra en trigo, avena, centeno y cebada.

“La retirada del gluten afecta mucho al comportamiento social de los niños, que tienen que adaptarse al resto de sus compañeros y amigos cuando quizá no lo necesitan”, explica el doctor Martín. Aunque en los ‘peques’ con intolerancia al gluten normalmente acabe por restringirse su consumo, es importante no hacerlo antes de hablar con un pediatra o gastroenterólogo, porque, si no lo comen, puede dificultar o incluso imposibilitar un diagnóstico correcto de celiaquía.

“Las restricciones de determinados alimentos tienen que tener una basa científica probada, sobre todo para prevenir cualquier tipo de déficit. Hay niños que no han tomado lácteos durante años”.

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